lunes, 21 de noviembre de 2016

La despenalización viene en píldoras

La despenalización viene en píldoras* Se estima que cada año, medio millón de mujeres abortan en el país. La clandestinidad en que se realizan estas intervenciones suele derivar en trastornos irreversibles y hasta la muerte. Ante la falta de debate legislativo sobre el tema, se extiende la aplicación del aborto farmacológico. El medicamento se administra bajo receta y en 2011 se vendieron en el país 115 mil envases. *Nota publicada en la revista El Cruce de diciembre aborto Por Rocío Magnani No es el momento, resolvieron. Tenían veinte años y una pila de proyectos en camino. Querían organizar mejor sus vidas, estudiar, trabajar, tener un hogar propio: la oportunidad de elegir cómo y cuándo traer hijos al mundo. El aborto era la principal causa de muertes por gestación, una práctica ilegal y culturalmente negada. Pero la decisión estaba tomada, así que con mucho esfuerzo y sin contar nada a sus padres juntaron el monto que les pedían en la clínica privada, y la novia de Alfredo, hoy su esposa y la madre de sus hijos, interrumpió el embarazo. Pasaron unos treinta años. Alfredo Fernández es secretario de Salud de Lomas de Zamora, el aborto dejó de ser mala palabra y el Estado ha encarado la educación sexual como política pública. La planificación familiar, sin embargo, es realidad de pocos, y el aborto clandestino todavía constituye la mayor causa de muertes maternas en el país. En Argentina, se estima que el 60 por ciento de los embarazos no son buscados y que el 40 por ciento del total de las gestaciones son interrumpidas de forma voluntaria. Las clases medias y altas acceden a procedimientos relativamente seguros en clínicas privadas que cobran unos 5 mil pesos por la práctica, mientras que son las pobres las que caen en métodos más peligrosos ejecutados por curanderos, enfermeras o vecinos. Evidencias de esa exclusión hay muchas. En octubre de este año, por ejemplo, una chica terminó sus 20 años en el porteño Hospital Pirovano como consecuencia de una interrupción del embarazo realizado en condiciones precarias que derivó en una infección generalizada. En tanto, el jefe de gobierno Mauricio Macri anunciaba el veto a la ley de regulación del aborto no punible en la Ciudad de Buenos Aires, donde decenas de acomodados consultorios atienden a las acomodadas señoras y señoritas de los acomodados vecindarios porteños. Hay un elemento que en ese contexto rompe con esa regla que divide la suerte de las mujeres pobres de las que pertenecen a la clase media. Se trata de la utilización, por parte de las clases populares, de un medicamento que, autoadministrado hasta las doce semanas de gestación, constituye un método abortivo seguro y reduce radicalmente los riesgos de infección. Se trata de la droga conocida bajo el nombre genérico de misoprostol. En Argentina, su venta es legal a un costo promedio de 360 pesos, y cada vez más mujeres lo adoptan como método abortivo. Especialistas consultados por El Cruce coinciden en que el aborto farmacológico tiene numerosas ventajas con respecto a otras técnicas cuando la práctica se realiza en situación de clandestinidad, pero advierten que debe ser utilizado con suficiente información. Las experiencias de otros países demuestran que, sostenida en políticas públicas eficaces, el método ayuda a reducir las complicaciones post aborto, incluso en los Estados donde el aborto es ilegal. Por eso, mientras los sectores conservadores dilatan el tratamiento de una ley nacional de despenalización del aborto, un colectivo heterogéneo de militantes feministas, funcionarios como el secretario de Salud de Lomas, trabajadoras sociales y médicos juegan la pulseada en otro terreno. Entienden que el aborto es un problema de salud pública y que la solución definitiva tiene que ser la legalización de la práctica, pero entretanto brindan información para que las mujeres de sectores populares tomen conciencia, dispongan de información sobre métodos anticonceptivos y, en último caso, accedan a abortos seguros mediante la técnica farmacológica. El aborto en Argentina Históricamente el debate se dirime entre abortistas y no abortistas: cuándo empieza la vida, para qué casos es justificable y para cuáles no, una lucha tan apasionada como improductiva. Porque, mientras se perfeccionan los argumentos a favor y en contra, las mujeres siguen reafirmando el derecho a la autonomía sobre su cuerpo. El Ministerio de Salud estima que en Argentina se producen anualmente medio millón de abortos clandestinos, mientras que se registran alrededor de 700 mil nacidos vivos. La relación es de un aborto por cada 1,4 nacimientos. Es decir que, en promedio, una mujer que tiene dos hijos ha tenido al menos una interrupción del embarazo. Las complicaciones post aborto, producto de las condiciones de riesgo, constituyen hace más de tres décadas alrededor del 30 por ciento de las muertes maternas el país. De las 500 mil que abortan, unas 80 mil son hospitalizadas y al menos cien mueren, aunque las organizaciones sociales calculan que se produce el triple de fallecimientos. Otras sufren infecciones graves y quedan infértiles. Las tasas de mortalidad materna por abortos tienen una alta incidencia en la Argentina. Grageas Existen dos tipos de métodos abortivos: los quirúrgicos, que para que sean seguros requieren que esté a cargo de un profesional de salud capacitado y de condiciones de asepsia adecuados, y los farmacológicos, que pueden ser realizados sin intervención médica aunque se recomienda que se haga con control profesional previo y posterior. La Guía Técnica nacional para la Atención de los Abortos No Punibles, publicada en 2007 en base a los protocolos mundiales, deja en manos de los médicos la decisión de qué método utilizar, pero recomienda ambas formas hasta el primer trimestre de embarazo. En el caso de los métodos farmacológicos, para abortos a Guía Técnica y de Políticas para el Aborto sin riesgo de la OMS (versión 2012) propone a los profesionales la utilización de mifepristona seguida de misoprostol o de misoprostol solo. La mifepristona es un medicamento complejo, cuya producción es costosa y que fue creado específicamente como abortivo. Por lo tanto, se produce sólo en los países que han legalizado la práctica. El misoprostol, en cambio, fue descubierto como abortivo seguro y económico por las mujeres latinoamericanas hace varias décadas y su comercialización está aprobada en la mayoría de los países del continente para la prevención y tratamiento de las úlceras gástricas y duodenales, y para algunas aplicaciones obstétricas. La OMS, la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (Flasog), la organización Ipas y el Consorcio Latinoamericano Contra el Aborto Inseguro (Clacai) lo recomiendan para interrumpir gestaciones. “Utilizado de forma correcta, hasta la semana doce, es un método seguro y de alta efectividad”, explica a El Cruce Verónica Marzano, trabajadora social especialista en el tema. “A diferencia de un procedimiento quirúrgico, que empieza y termina, el misoprostol produce un aborto en curso durante varios días. La media (siempre en las primeras doce semanas) es de entre 5 y 7 días, en los que se produce un sangrado similar al de la menstruación. Sobre todo hasta la semana nueve, es tan parecido que la guía de la OMS no habla de aborto en esos primeros dos meses de gestación, sino de ‘manejo de la menstruación’.” La Penicilina del Siglo XXI La OMS establece que el aborto con misoprostol es uno de los métodos más seguros para los países en que la práctica es legal, pero también recomienda que se dé información sobre su uso en los países que mantienen la penalización para evitar los riesgos que producen otros métodos. Es que el aborto con estas pastillas “no es una práctica invasiva, no necesita anestesia, las mujeres pueden manejarlo solas si quieren, es más natural porque se asemeja más a una menstruación y tiene bajísimos riesgos”, detalla Marzano. “El medicamento además evita el uso de elementos infectados y la rotura de útero, que se produce cuando se pincha ese órgano con una cureta (método quirúrgico obsoleto que la OMS no recomienda para la práctica) o con una aguja de tejer u otro objeto punzante , mecanismos que todavía usan las mujeres más pobres en la desesperación de abortar.” Las complicaciones que puede tener el misoprostol son menores, según la trabajadora social. “Como abortivo, la Federación de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (Flasog) establece que es efectivo en nueve de cada diez mujeres. Entonces, el peor cuadro es que no funcione, porque las semanas seguirán pasando y las mujeres tendrán que buscar sí o sí otro método. Porque si el aborto está incompleto, la mujer corre peligro de una infección y es necesario que acuda a un hospital para una aspiración o legrado. Sólo una de cada mil mujeres tiene una hemorragia y en cuanto al dolor, es el propio de un aborto espontáneo. Lo habitual es que la mujer vaya al médico sólo porque se asustó por la pérdida de sangre o porque quiere una ecografía para cerciorarse de la efectividad del método”. Un caso interesante es el de Uruguay, que acaba de sancionar el aborto legal, seguro y gratuito (ver recuadro). A partir de 2008 –cuando todavía el aborto era ilegal—, ese país desarrolló una fuerte política pública para combatir los abortos inseguros a través de garantizar a las mujeres el acceso a información sobre el uso correcto del misoprostol. Se dispusieron consejerías pre y post aborto en todo el país, y sólo eso logró bajar los niveles de mortalidad materna por abortos inseguros en 2009 a cero. Fue tal el impacto, que especialistas uruguayos definieron al misoprostol como “la penicilina del siglo XXI”. En México, sólo el Distrito Federal despenalizó, en 2007, la interrupción voluntaria de la gestación y, por lo tanto, recibe a mujeres de todo el país que viajan a la capital para la práctica. “Al principio, por cada aborto se hacía una internación, lo que para el Estado fue muy difícil porque no siempre se conseguía la cama para realizar la interrupción antes de las doce semanas que están permitidas por ley”, describe Marzano. Entonces, “el misoprostol se convirtió en la gran alternativa, porque como el medicamento puede ser administrado, las mujeres van al centro de salud de la ciudad mexicana, se les da información y el medicamento, se van a sus casas, lo utilizan y vuelven a los 15 días para un monitoreo. Y, por supuesto, si tienen una emergencia son atendidas con urgencia”, detalla la trabajadora social. *Acceso al medicamento * En Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología (Anmat) establece que la venta de misoprostol, bajo el nombre comercial de Oxaprost, es legal en cualquier farmacia bajo receta simple, aunque organizaciones feministas denuncian que algunos locales piden requisitos extra, aplican sobreprecios, dan información confusa sobre su uso como abortivo o se niegan a venderlo. Un informe del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos al que accedió El Cruce detalla que “en 2009, se vendieron unos 100 mil envases de 16 comprimidos de Misoprostol y en 2011, 115 mil envases (1.840.000 comprimidos)”. El sindicato destaca que su uso es exclusivamente como abortivo porque el costo del misoprostol ronda los 360 pesos, y para controlar la gastritis “existen alternativas más efectivas como Ranitidina, Famotidina u Omeprazol a 50 pesos”. Según Marzano, “alrededor del 85 por ciento de las mujeres que abortan en Argentina lo hacen con misoprostol”. La receta puede realizarla cualquier médico “porque existe libertad de recetar y así como el profesional puede prescribir otros medicamentos para usos que no son recomendados por la Anmat, como es el caso de las aspirinetas para prevenir infartos, pueden recetar el misoprostol sin aclarar cuál será su uso”, agrega. Buena parte de las ventas, sin embargo, se manejan en el mercado clandestino, donde no es necesaria la receta, y los precios aumentan. Por ejemplo, en ferias, a través de Internet o por profesionales que las comercializan sueltas. Consejerías en Buenos Aires A pesar de que no están visibilizadas, en Argentina también hay consejerías pre y post aborto que funcionan de modo similar al modelo uruguayo. No aconsejan, pero brindan la información sobre los riesgos que conllevan algunas formas de abortar y sobre el modo en que el misoprostol debe ser empleado para que sea seguro. La mayoría son iniciativas distritales que funcionan en unidades sanitarias a cargo de profesionales de salud y trabajadores sociales. Funcionan, con mayor o menor alcance, en la Ciudad de Buenos Aires, el municipio de Morón y en el de Lomas de Zamora. Sólo en este último partido, se estima que se producen entre 8 y 12 mil abortos por año, cifra que surge de la cantidad de mujeres en edad fértil del municipio en comparación a las estimaciones de aborto a nivel nacional. “Los centros de salud y el Estado deben estar a la altura de las circunstancias, no pueden permanecer ajenos”, resalta el secretario de Salud comunal Alfredo Fernández. “Porque la realidad es que en los barrios la pastilla se usa cada vez más y los servicios de salud deben tener una actitud preventiva y brindar asesoramiento para prevenir daños.” La existencia de la píldora abortiva es clave para estos servicios. “Es una tecnología que planteó una ruptura con respecto a los modos de abortar”, destaca Geraldine Ponce, trabajadora social y docente en la UBA que coordinó la iniciativa de la Secretaría de Salud del municipio. “Posibilita que la mujer se practique el aborto en su domicilio, de forma privada, y que el profesional de la salud intervenga, porque el marco jurídico establece que es obligación de los médicos reducir el daño a través de la información y, además, da libertad para recetar.” Sin embargo, contrapone Ponce, “muchos profesionales se niegan a dar la receta por miedo, cuando de hecho no hay un solo caso que siente jurisprudencia por penalizar a un médico por recetar misoprostol y, en cambio, hoy están siendo procesados dos médicos por negarse a informar a una mujer que murió a consecuencia de la práctica de un aborto inseguro. El tema es que, como dijo Foucault, la verdad jurídica es una guerra de interpretaciones y hay un gran aparato cultural en relación a la hegemonía médica y las mal llamadas organizaciones pro-vida que batallan por negar la receta”. Las consejerías, precisamente, fueron creadas con el objetivo de garantizar que los centros de salud cuenten con al menos un servicio de profesionales amigables. Para acceder a este servicio, “la mujer tiene que recurrir al centro de salud de su barrio y allí tiene que consultar si ahí hay un servicio de consejería pre y post aborto. Es importante saber que, aunque no lo haya, si pide ser asesorada sobre el uso del misoprostol, puede haber un objetor de conciencia que se niegue a informarla, pero ese profesional tiene la obligación de recomendarla a otro”, agrega. *La información como bien social * “El conocimiento es un bien social y las mujeres no somos ‘usuarias’; somos las protagonistas de nuestras propias vidas que es la vida de todas y de cada una”, afirma el colectivo Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, que desde 2009 sostiene a pulmón la línea telefónica “Más información, menos riesgos” (011-156-664-7070). A través de esas llamadas brindan información actualizada de fuentes médicas, científicas, estatales y sociales para que las mujeres puedan tomar decisiones informadas. Y también editaron “Todo lo que querés saber sobre cómo hacer un aborto con pastillas”, un manual fácil de entender que explica qué es un aborto con misoprostol, su proceso, sus síntomas y cuáles son los derechos de las mujeres. En estos tres años, la línea lleva atendidas más de 115 mil llamadas de todo el país y el libro fue descargado más de 30 mil veces, cuenta a esta revista, Paloma Rodríguez, militante de Lesbianas y Feministas. “Existen distintos modos de conseguir información sobre el misoprostol. Están las organizaciones sociales, las consejerías pre y post aborto y algunos programas de Salud que pueden ser lo suficiente flexibles para que la mujer haga preguntas, pero lo cierto es que no llegan a todas.” La organización recibe donaciones para sostener este proyecto (facebook.com/abortoconpastillas) De hecho, en la Ciudad de Buenos Aires, sólo el 10 por ciento de los Centros de Salud brindan el servicio de consejería, pero es obstaculizado por las direcciones y otros colegas, según determinó el colectivo a través de un relevamiento de las llamadas telefónicas que se presentó en 2011. Por otra parte, el trabajo realizado por la organización arrojó que el 62 por ciento de las mujeres adultas y la mitad de las adolescentes prefieren no acudir a los servicios de salud cuando buscan atención por aborto por miedo a la represalia del médico. “Hoy la mayoría de las mujeres que llama a la línea sabe lo que es el misoprostol, pero quiere sentirse acompañada, sacarse las dudas con mujeres que no la van a discriminar. El 94 por ciento de las mujeres llama antes de la semana doce, y el 54 por ciento antes de la semana seis, es decir con suficiente tiempo”, explica Rodríguez. El principal problema para ellas, agrega, es el acceso al medicamento: “Sólo el 70 por ciento compra las pastillas en

domingo, 23 de octubre de 2016

El origen de Women on Waves

El origen de Women on Waves Rebecca Gomparts estudió medicina en Holanda y luego se especializó en prácticas de interrupción de embarazo. Pero los barcos estaban en su camino: trabajó como médica en varias naves de Grenpeace. Según se dice en el sitio web de la agrupación que fundó, “en Sudamérica conoció muchas mujeres que habían sufrido tanto física como psicológicamente debido a embarazos no deseados y a la falta de acceso a un aborto legal y seguro. Sus historias fueron conmovedoras. Algunas mujeres habían sido violadas; otras no tenían medios de sustento. Estas mujeres y sus historias fueron la inspiración para Women on Waves”. Como fundadora de esa organización, llegará el próximo jueves a Buenos Aires. Ya hay dos charlas previstas: los días 10 y 11 a las 19 horas en el Centro Cultural General San Martín. Los eventos, organizados por Autodeterminación y Libertad, son gratuitos. Para más informes comunicarse a los teléfonos 011 15 59 26 97 99

Rebecca Gomperts, Women on Waves

CONTRATAPA › LLEGA LA FUNDADORA DEL MOVIMIENTO QUE REALIZA ABORTOS EN ALTAMAR En la cresta de la ola Rebecca Gomperts es la fundadora de Women on Waves, la organización que lleva su barco por países con leyes antiabortistas para que las mujeres puedan abortar en aguas internacionales. Gomperts analizará la posibilidad de que el barco venga aquí el año próximo. Por Andrea Ferrari Lo de la cal y la arena es moneda corriente para las integrantes de Women on Waves: en cada misión que emprende el barco de este movimiento reciben una palada de reconocimiento femenino y otra de protestas y tomatazos por parte de los grupos antiabortistas. La organización, fundada por la médica holandesa Rebecca Gomperts en 1999, tiene como objetivo llevar información y asesoramiento sobre anticonceptivos y educación sexual y generar conciencia en torno de los peligros del aborto clandestino en distintos puntos del mundo. El aspecto más discutido, sin embargo, es que a bordo del barco un equipo médico practica abortos en aguas internacionales, de modo tal de quedar fuera de las restrictivas leyes de los países que visitan. Gomperts llega esta semana a la Argentina a dar charlas y conferencias. Aquí conversará la posibilidad de que el año próximo venga al país el barco de la agrupación, una noticia que pese a la antelación ya hace olas en el ámbito político. Antes de partir de Holanda, Gomperts conversó con Página/12. La invitación para la fundadora de Women on Waves partió de Autodeterminación y Libertad. La diputada porteña Noemí Olivetto, que viene organizando una serie de debates en la Legislatura sobre el tema e impulsando el tratamiento de uno de proyectos de ley presentados, tomó contacto con el grupo y Gomperts accedió a venir unos pocos días y a dar charlas en el Centro Cultural San Martín los días 10 y 11 (ver aparte). Pero antes de empezar, la visita ya generó todo tipo de reacciones. La más exaltada fue la del legislador macrista Jorge Enríquez, quien parece haber entendido mal la información o no estar bien asesorado: presentó una denuncia en la Justicia para frenar la llegada del barco, cuya venida a la Argentina no es por ahora más que una hipótesis a futuro. Otra legisladora salió a decir que en verdad el barco no puede viajar o realizar abortos por una prohibición legal. –Ustedes han tenido una batalla con el gobierno holandés. ¿Pueden actualmente realizar abortos? –Sí, podemos dar la píldora del aborto a una mujer con un embarazo de hasta seis semanas y medio –explica Gomperts–. El gobierno se ha mostrado reticente a darnos la licencia para realizar abortos hasta las doce semanas. En este momento hay un gobierno demócrata-cristiano en el país. Nosotros ganamos un caso en la Justicia y ahora tenemos otro, no sabemos aún cuál será la decisión. En principio, el tribunal decidió que no había razón alguna por la que no podíamos tener la licencia. El gobierno dijo bueno, pero sólo una licencia para trabajar dentro de los 25 kilómetros de Holanda. No tienen argumentos médicos o legales, entonces fuimos otra vez a la Justicia para protestar la decisión y aún estamos esperando. –¿Sólo realizan abortos con la píldora? –Sí. Es una droga que no se usa en Argentina, Mifepristone. Las mujeres lo prefieren así, es más natural. –¿Vendrá el barco a Argentina el año próximo? –No puedo anticipar nada en este momento. Estaré en Argentina la semana que viene y lo vamos a discutir. Si la nave viene finalmente, sin duda las olas serán grandes. Con un modelo similar al que utiliza en sus campañas Greenpeace (organización donde trabajó Gomperts antes de fundar Women on Waves), el movimiento se caracteriza por una apuesta de fuerte impacto mediático para lograr así instalar el tema en la sociedad y en los ámbitos políticos. A bordo del barco, las mujeres reciben información sobre anticonceptivos, pueden realizarse tests de embarazo y ecografías, son asesoradas para tomar una decisión “sin coerciones” y, en caso de optar por un aborto, reciben la píldora RU 486 (Mifepristone) en aguas internacionales. Posteriormente se realiza un control. El impacto en los países donde el aborto está prohibido es fuerte: sucedió así en cada uno de los lugares que visitó. El pasado agosto, el escenario fue Portugal. Allí, cuando la nave se acercó al territorio portugués, el ministro de Defensa anunció que se prohibía su entrada en aguas nacionales, aunque el barco no había violado ninguna ley. La decisión no se modificó pese a que la organización fue a la Justicia y recibió el apoyo de algunos políticos portugueses. Como si se tratara de una embarcación enemiga, dos barcos de guerra la custodiaron durante cada minuto de su estadía en aguas internacionales cerca de Portugal. Cuando fue evidente que la situación no se iba a desbloquear, Women on Waves decidió tomar otra iniciativa para ayudar a las mujeres portuguesas con embarazos no deseados: anunció que daría a conocer el protocolo que describe la manera más segura de realizar un aborto con una droga llamada Misoprostol –que se usa para tratar úlceras–, cuando la mujer no puede tener acceso a una intervención médica. Tras el anuncio, cientos de portuguesas se comunicaron con la organización para conocer el protocolo, que ahora figura en la página de Internet de la agrupación. Un grupo antiabortista acusó a Rebecca Gomperts de violar la ley por explicar este procedimiento en la televisión portuguesa. Y el SGP, un partido católico holandés, salió en apoyo de esta iniciativa y reclamó al gobierno de ese país que le retirara la licencia a Women on Waves. Sin embargo, el secretario de Salud no aceptó el reclamo. –Si no podían llegar al puerto, ¿por qué no dejaron el barco en aguas internacionales y llevaron allí a las mujeres en otra embarcación? –Se podría llegar a hacer eso, simplemente no estábamos preparadas para hacerlo. Hay que decir que Portugal rompió la ley internacional al no dejarnos entrar. Nosotros no anticipamos que esto podría pasar, no consideramos que los países podrían no respetar las leyes internacionales. Tenemos que estar preparadas para otra ocasión como ésta. –El protocolo para usar el Misoprostol –una medicación que se consigue en todo el mundo– figura ahora en la página de Internet. ¿Es seguro hacer un aborto con ese medicamento? –No es la mejor forma. Lo mejor es tener un aborto legal realizado por un doctor, pero es la forma más segura en que la mujer puede hacerlo por su cuenta. Es comparable con un aborto espontáneo. Las mujeres los tienen todo el tiempo, y lo importante es que sepa cuándo ir a un hospital a recibir ayuda. Si sangra demasiado, tienen que hacerlo. Pero no es algo antinatural, un diez por ciento de los embarazos acaba en abortos espontáneos, lo que hace la medicina es provocarlo. El problema es que no es un ciento por ciento efectivo. Y pensamos que si una mujer necesita realizarse un aborto debe poder estar segura de que funciona. Esta droga tiene una efectividad de entre un 80 y un 90 por ciento. –El barco de su organización nunca cruzó el océano. ¿En caso de que decidan venir está preparado para hacerlo? –En realidad nosotros alquilamos barcos, se trataría simplemente de encontrar uno adecuado.

Rebecca gomperts, Women on Waves

Mujeres a bordo: una médica holandesa desafía la criminalización del aborto llevando su clínica al mar 15 DE ENERO DE 2015 Mientras el partido republicano aprovecha su mayoría en el Congreso de la Nación y en las legislaturas de diferentes estados de Estados Unidos para intentar establecer nuevas restricciones al aborto, presentamos aquí la historia de una médica holandesa que ha hecho posible el aborto seguro en países donde aún es ilegal. El documental “Vessel” (Velero) sigue los pasos de la Dra Rebecca Gomperts, fundadora de la iniciativa “Women on Waves” (Mujeres en las olas) que se dedica a recorrer el mundo con un barco que realiza abortos en aguas internacionales, donde no se aplican las leyes de los países que los prohíben. Gomperts también ha fundado la iniciativa “Women on Web (Mujeres en la Red), un servicio de apoyo en internet para ayudar a que las mujeres consigan y usen de manera segura los medicamentos que inducen el aborto. Hablamos con Gomperts y la directora del documental “Vessel”.

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